Los riegos de defender los derechos humanos en Cuba

En los ciclos del Examen Periódico Universal (EPU), celebrados en 2009 y 2013, el Estado cubano rechazó 32 recomendaciones que lo exhortaban a poner fin a la represión contra las personas defensoras de derechos humanos y levantar las restricciones que impiden la libre expresión, opinión, asociación, reunión y manifestación pacífica.

Miembros del Consejo de Derechos Humanos le sugirieron asegurar a las mismas, un entorno seguro, libre e independiente, para realizar sus actividades, sin riesgo de acoso, intimidación, persecución o violencia.

Le recomendaron que se abstuviese de abusar de las disposiciones penales, para  reprimirlas y hostigarlas.  Además que adoptara todas las medidas necesarias, incluido un examen de su legislación, para asegurar que todos los casos de agresiones contra ellas, fuesen investigados por órganos independientes e imparciales.

El Estado cubano objetó estas recomendaciones, bajo el argumento de que eran incompatible con el ejercicio de su derecho a la libre determinación; porque las mismas ponían en práctica una política concebida por una superpotencia extranjera, con el objetivo de destruir su sistema político, económico, y social.

No obstante, el gobierno alega que en el país, los defensores de los derechos humanos son protegidos, en condiciones de igualdad y actúan con total libertad y sin restricción alguna que sea incompatible con los instrumentos internacionales de derechos humanos.

Agrega que estos son los millones de personas que en Cuba están agrupadas en miles de organizaciones, y que cuentan con todas las garantías para el ejercicio de sus derechos. No necesitan, protección distinta a la de cualquier persona con ciudadanía cubana. No son objeto de amenaza, no corren peligro, ni enfrentan la eventualidad de acto violatorio alguno por el desarrollo de sus actividades.

Cuba niega el trabajo de defensa de los derechos humanos de la sociedad civil informal 

La defensa y promoción de los derechos humanos en el mundo depende del trabajo en el terreno que realizan las organizaciones de la sociedad civil, documentando violaciones de derechos humanos.

No importa si el contexto interno de un país es más o menos represivo, o si el régimen es más o menos democrático. La sociedad civil es la que vigila la aplicación e implementación universal y efectiva de los derechos humanos.

Estas organizaciones son mediadores entre los individuos y el Estado, y un pilar esencial para el fortalecimiento y consolidación de las democracias y el Estado de Derecho. Sin sociedad civil, no hay Estado legítimo.

Lamentablemente sus miembros, a menudo se exponen a peligros. Muchas veces son torturados y sometidos a tratos inhumanos y degradantes, incluso asesinados. Están en situación de vulnerabilidad en todo el mundo, por las restricciones indebidas a la libertad de opinión, expresión, reunión pacífica y asociación

De los 43 mandatos temáticos de los procedimientos especiales de Naciones Unidas, los relatores que se ocupan del ejercicio de los derechos antes mencionados, son quienes más comunicaciones envían a los Estados. Cuba no es la excepción. Estas relatorías fueron las que más comunicaciones les enviaron, ya sea de manera individual o en forma conjunta, entre 2011 y 2016.  

Sin embargo, el Estado cubano discrepa de la caracterización que realizan los relatores sobre las personas que integran las organizaciones defensoras de los derechos humanos en Cuba. Consideran inadmisible que internacionalmente las reconozcan como tal y parte de la sociedad civil cubana.

Agrega que tienen como objetivo, transgredir abiertamente las leyes, socavar, subvertir y destruir el sistema político y social, el ordenamiento jurídico y constitucional interno, establecido de forma soberana por la nación cubana, actuando en contra de los propósitos y principios consagrados en los instrumentos internacionales sobre derecho humanos.

Asegura que transitaron de invasores a terroristas, y se escudan bajo el manto de defensores  de derechos humanos. Afirma que reciben financiamiento proveniente del gobierno de Estados Unidos, para fabricar pretextos que justifiquen su política de hostilidad, bloqueo y agresiones contra Cuba.

El gobierno niega el trabajo de defensa de los derechos humanos que realizan las organizaciones de la sociedad civil informal, mediante el descrédito, para aumentar su situación de vulnerabilidad. 

Sabes porque los cubanos huyen en masas de Cuba… 

Porque no hay democracia ni estado de derecho. Tampoco condiciones para ejercer las libertades civiles, políticas, económicas, sociales y culturales. La élite del Partido Comunista de Cuba (PCC), mantiene el poder a través de las estructuras del Estado y el Gobierno con métodos represivos.  

Los trabajadores no tienen derecho a la huelga ni pueden crear libremente sindicatos. El gobierno se niega a legalizar a las organizaciones sociales, que no comparten las políticas de la élite partidista. Las personas disidentes y defensoras de derechos humanos, son estigmatizadas, hostigadas y en última instancia encarceladas.

La oposición al gobierno no puede organizarse. No hay mecanismos legales para la existencia de partidos políticos. El PCC es el único partido reconocido en la Constitución nacional, que fue redactada por los fundadores de esta organización política, altos mandos militares que han permanecido en el poder, sin alternancia, por casi 60 años.

Esa élite militar, no tolera la oposición, ni pagan costo político o económico por hostigarla o reprimirla. No son abiertos al debate público. A través de la Ley hostigan a las personas que los critiquen abiertamente.

Efecto ejemplarizante. El resto de la sociedad se inhibe de expresar sus preferencias políticas. Temen a consecuencias negativas en su vida. Son controlados por las organizaciones sociales y de masas (OSM).

La ley electoral no permite a los partidos políticos participar en las elecciones, pero el PCC participa en ellas, a través las OSM. Ellas controlan el proceso electoral. Evitan la competencia y garantizan que los miembros de esta organización política,  sean los electos y designados a ocupar cargos en el gobierno. Sus líderes ocupan cargos en la más alta estructura partidista y del estado.

En consecuencia, las personas con ciudadanía y residencia en la isla, no pueden postularse en condiciones de igualdad. Tampoco tienen mecanismos para participar en la toma de decisiones políticas y económicas. La elección de los miembros del parlamento, no depende de sus votos y preferencias políticas.

Están excluidos de intervenir en la economía nacional, privilegio solo de extranjeros. Mientras la situación económica del país es precaria y empeora, el Estado les limita su capacidad para generar ingresos. Los obliga, a través del ejercicio del trabajo por cuenta propia, a realizar actividades económicas no profesionales y que dejan márgenes mínimos de ganancias.

Si los cubanos huyen dramáticamente del país, buscando mejores oportunidades de vida, pero también buscan libertad. “Cuando un pueblo emigra, los gobernantes sobran”, una frase de José Martí que hoy tiene plena vigencia. 

El precio de mis respuestas 

Vivo en Cuba, el país de tantas presunciones y contradicciones. Se supone que todos debiéramos ser felices. Tenemos “educación y salud gratuita”, y un empleo asegurado; pero nadie entiende porque huimos de esta tierra en masas. Yo intenté buscar una respuesta y desde entonces, no tengo intimidad.

Los funcionarios que deciden voluntariamente ejercer funciones públicas, utilizan la ley para proteger su honor. La misma que emplean para amenazarme si los crítico, y la que ignoran, cuando escuchan mis conversaciones por teléfono y acceden a mi cuenta de correo electrónica.

Mientras controlan a los medios para que mantengan en secreto sus vidas íntimas, ordenan a sus periodistas desacreditarme. Me acusan de malversar fondos, solo porque decidí ser defensora de derechos humanos.  La enciclopedia digital nacional me creó un perfil e hizo público los nombres de mis familiares. Me llaman mercenaria y terrorista.

Ellos saben que nunca he recibido entrenamiento militar. Nunca he tenido un arma en mis manos. Tampoco tengo antecedentes penales. Aun así, todos los días tengo que convencerme que no estoy haciendo nada malo. Algunos familiares, amigos y vecinos me evitan. No lo dicen; pero actúan como si fuera la peor delincuente.

Cuando pasan por mi lado, bajan la cabeza para no saludarme. Parte es estigma, la otra es miedo a que los molesten por relacionarse conmigo. Nadie quiere poner en riesgo los frijoles en su mesa. El agente 007, que no es secreto ni inadvertido, me vigila. Les ha propuesto colocar micrófonos en mi hogar.

Compromete a los que viven en los alrededores de mi casa. Ellos hacen el trabajo por él. Le informan a qué hora salgo y entro, cuando apago las luces y quien me acompaña. A cambio ellos pueden seguir vendiendo flores, ron, marihuana o robar.

Cambié mis hábitos y dejé de divertirme fuera de casa. No me siento cómoda con las miradas. No puedo disfrutar y al mismo tiempo buscar entre los que me rodean, quien me sigue. Lo quieren saber todo, hasta mis más oscuros secretos, si los tuviera.

Mi vida íntima es su objetivo. Si no encuentran lo que buscan, lo inventarán. Su propósito es sembrar la duda. Emplearán cualquier medio a su alcance, incluida la violencia. Soy una mujer que trabaja en un mundo de hombres. Exacerbar los celos de tu pareja, el arma ideal y lo predecible en una sociedad machista.

Esta es mi vida y este es el precio que pago por buscar las respuestas que me ayudarán a entender por qué huimos de la tierra, donde el mundo presume que vivimos felices, porque tenemos educación y salud gratuita. 

10 nuevas cartas escritas por al abogado Julio Ferrer

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Cuba: Gobierno afirma que en el país no existe práctica de tortura

En sus dos ciclos del Examen Periódico Universal (EPU), celebrados en 2009 y 2013, los miembros del Consejo de derechos Humanos le recomendaron al Estado cubano ratificar a la mayor brevedad posible y sin reservas, el Protocolo Facultativo de la Convención contra la Tortura (PF-CCT), integrarlo a su legislación nacional y tipificar la tortura como delito.

El gobierno tomó nota de esas recomendaciones bajo el argumento de que, aseguraba el respeto a la integridad física y espiritual de las personas y que contaba con recursos nacionales efectivos para asegurar la rigurosa aplicación de la Convención.

Agregó que necesitaban acudir a la asistencia de investigaciones internacionales para asegurar a las personas que residen en su territorio la más plena protección y disfrute de los derechos y recursos que establecen instrumentos internacionales de derechos humanos.

Afirmó que en el país no existían prácticas de tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanas o degradantes. En consecuencia no consideraba necesario, asumir obligaciones con procedimientos e instancias de jurisdicción supranacional, para la tramitación de peticiones individuales.

Los órganos de tratado encargados de interpretar y vigilar la aplicación de los instrumentos  internacionales en materia de derechos humanos, no tienen autorización para conocer denuncias individuales que le presenten las personas con ciudadanía y residencia cubana.  Cuba no reconoce jurisdicción a ninguno.

Las caras y formas de la tortura y el dolor 

No soy funcionaria del Estado ni tengo que someterme a la crítica, pero mi vida íntima y familiar es pública. Un arma para desacreditarme. Intentan juzgarme con la misma vara que se miden ellos.  Este es el precio de ejercer mi profesión como defensora de derechos humanos

No tengo antecedentes penales, pero me califican como la peor delincuente. Mis vecinos son parte de mí día a día. Los solidarios que me preguntan cómo va todo, los que bajan la cabeza o miran a otro lado para evitar saludarme. Los que me vigilan para garantizar la impunidad de subsistir del mercado negro.

A la fuerza se aprende a disfrutar la soledad. Limitar el círculo de personas allegadas, es una medida para proteger a tu familia y a ti misma, de los que se sienten omnipresentes y omnipotentes como Dios, porque tienen el poder absoluto. Pero no es suficiente.

Entraron en mi hogar por la fuerza. Aun escucho en el silencio de mis noches el sonido de la barreta y la mandarria en mi puerta. Veo a los intrusos caminando en mi casa, con la prepotencia que les da, a unos sus uniformes, y a otros, su cargo.

Un carro se detiene frente a mi casa. No puedo evitar asomarme en la ventana. Estoy encerrada y en constante estado de alerta. Pueden regresar. No sé si soportaría verlos irrumpir nuevamente en mi hogar. Necesito paz.

El sueño no llega. La noche es oscura y silenciosa. El alumbrado público cercano está encendido, excepto el poste frente a mi vivienda. Los vecinos apagaron todas las luces. Mi perro ladra. No veo nada, pero los imagino moviéndose sigilosos, para tomarme por sorpresa.

Trato de disimular. No hay porque darles el gusto. A los que me preguntan cómo estoy, les digo bien, mientras sonrío. Intento mostrar que soy fuerte y esos ataques no me afectan. Pero es mentira. En las noches lloro sola inconsolablemente. Sí, me deprimo. Tengo principios y dignidad; pero no derecho a réplica ni puedo defenderme.

No puedo esconderme ni evitarlo, solo soportar. Sí, necesito ayuda. Mi psiquis es un fino cristal. Un poco más de presión y se quiebra. Ellos lo saben. Es parte del plan. La tortura y el dolor tienen muchas caras y formas. La impotencia y la vulnerabilidad es una de ellas. 

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