El precio de mis respuestas 

Vivo en Cuba, el país de tantas presunciones y contradicciones. Se supone que todos debiéramos ser felices. Tenemos “educación y salud gratuita”, y un empleo asegurado; pero nadie entiende porque huimos de esta tierra en masas. Yo intenté buscar una respuesta y desde entonces, no tengo intimidad.

Los funcionarios que deciden voluntariamente ejercer funciones públicas, utilizan la ley para proteger su honor. La misma que emplean para amenazarme si los crítico, y la que ignoran, cuando escuchan mis conversaciones por teléfono y acceden a mi cuenta de correo electrónica.

Mientras controlan a los medios para que mantengan en secreto sus vidas íntimas, ordenan a sus periodistas desacreditarme. Me acusan de malversar fondos, solo porque decidí ser defensora de derechos humanos.  La enciclopedia digital nacional me creó un perfil e hizo público los nombres de mis familiares. Me llaman mercenaria y terrorista.

Ellos saben que nunca he recibido entrenamiento militar. Nunca he tenido un arma en mis manos. Tampoco tengo antecedentes penales. Aun así, todos los días tengo que convencerme que no estoy haciendo nada malo. Algunos familiares, amigos y vecinos me evitan. No lo dicen; pero actúan como si fuera la peor delincuente.

Cuando pasan por mi lado, bajan la cabeza para no saludarme. Parte es estigma, la otra es miedo a que los molesten por relacionarse conmigo. Nadie quiere poner en riesgo los frijoles en su mesa. El agente 007, que no es secreto ni inadvertido, me vigila. Les ha propuesto colocar micrófonos en mi hogar.

Compromete a los que viven en los alrededores de mi casa. Ellos hacen el trabajo por él. Le informan a qué hora salgo y entro, cuando apago las luces y quien me acompaña. A cambio ellos pueden seguir vendiendo flores, ron, marihuana o robar.

Cambié mis hábitos y dejé de divertirme fuera de casa. No me siento cómoda con las miradas. No puedo disfrutar y al mismo tiempo buscar entre los que me rodean, quien me sigue. Lo quieren saber todo, hasta mis más oscuros secretos, si los tuviera.

Mi vida íntima es su objetivo. Si no encuentran lo que buscan, lo inventarán. Su propósito es sembrar la duda. Emplearán cualquier medio a su alcance, incluida la violencia. Soy una mujer que trabaja en un mundo de hombres. Exacerbar los celos de tu pareja, el arma ideal y lo predecible en una sociedad machista.

Esta es mi vida y este es el precio que pago por buscar las respuestas que me ayudarán a entender por qué huimos de la tierra, donde el mundo presume que vivimos felices, porque tenemos educación y salud gratuita. 

Una respuesta

  1. Siga su vida como si nada pasara,no debe ni puede usted ser la que se limite a vivir en libertad por miedo,y deje de preocuparse por quien baja su cabeza cuando la ve,amigos así no quiero. 

    Enviado do meu smartphone Samsung

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