Traficantes “De Derechos Humanos” en la Habana

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Viernes 23 de septiembre de 2016, en Cubalex,  los defensores de derechos humanos en tenían la alegría de cada días. Entre saludos, sonrisas, una buena taza del acostumbrado café ya se disponían a trabajar.

Un miembro de la organización avisó que algo raro sucedía en el entorno, oficiales de la seguridad del Estado, vestidos de civil, carros patrullas, y un camión de los llamados “avispas negras” se encontraban cerca de la sede. Luego confirmó era un operativo ellos.

Les cortaron las comunicaciones a todos los defensores y vecinos del lugar. El día daba un giro de más de 180 grados para ellos. Sabían  que se enfrentarían a una maquinaria demoledora. Sus sueños se transformaban en una horrible pesadilla.

La  Fiscal Beatriz llamó a la  puerta, traía una orden de registro. Estaban acusados de actividad económica ilícita. Con ella funcionarios de diferentes instituciones del estado, miembros de la Policía Nacional Revolucionara y Ministerio del Interior, uno de ellos con cámaras de grabación en mano.

La directora de la sede y dueña de la vivienda, solicitó la orden. Notificó  a las autoridades “no cumplía con los requisitos legales”,  negándoles la entrada y sugiriéndoles que  la arreglaran conforme a la ley. Era el momento de enfrentamiento entre poder y experticia.

La respuesta, una sola, entrarían por la fuerza. A golpes rompen candados y yale,   un  despliegue de hombres invaden la sede. ¿La operación era contra un cartel de narcos o terroristas? Ellos, solo eran defensores de derechos humanos.

Dentro, estaban ocho miembros de un equipo cohesionado,  sereno, pacífico. Fueron despojados de sus teléfonos móviles sin explicación alguna. Interrogados de manera individual por las fiscales Sailehs Montero y Beatriz de La Peña la O. Doce largas horas transcurrieron, no los dejaron ingerir sus alimentos.

Sus carteras y mochilas no fueron revisadas. Fue a las 21 horas,  que el Teniente Coronel Juan Carlos Delgado Casanova ordenó un cacheo a cinco defensores, un hombre y cuatro mujeres. Fueron obligados  a desnudarse completamente y realizar tres cuclillas de frente y tres de espalda.

La orden cumplía un propósito, denigrarlos, humillarlos y quebrarlos emocionalmente. Pero el equipo no se quebrantó. Continuaron juntos dando muestras de unidad, seguridad y apoyo entre ellos.

Más de dos meses han transcurrido y aun los continúan llamando para pedirles ayuda. No pueden atenderlos, están bajo investigación, es la explicación que ofrecen. Solo escuchan ¿y ahora yo que hago? ¿Los puedo seguir llamando? ¿Cuándo empiezan? ¿Por qué les hicieron eso? Ojalá me llamen a mí.

Los defensores corren el riesgo de ir a prisión, pero las personas que acudían en busca de su asesoría, han quedado en total desamparo. ¿Seguirán corriendo la misma suerte que antes? ¿O las autoridades harán caso a sus reclamos?.

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